7 feb. 2012

Masa crítica 2 - Yo también sueno

Una marea de ciclistas volvió a afirmar que muchos hacen la diferencia. Miles de bicicletas, skates, monopatines, y varias de sus evoluciones recorrieron Buenos Aires el domingo 5 de febrero: mucha irritación para unos pocos y mucha felicidad para muchos otros.

La movida cambia la ciudad, la masa entrando al barrio de Once por la calle Ecuador hizo emerger de su nidos a algunos judíos ortodoxos que en camiseta y con gorrito miraban atónitos y divertidos el espectáculo, la magia de ingresar en un barrio de Jerusalén pero en Buenos Aires, tan lejos del estruendo de las bombas con que Israel aturde y asesina a Palestina.
Un detalle que no puede faltar es la exasperación bocinera de tanto motorizado. Tanto estrés por unos minutos de retraso un domingo a la tarde, tanto estrés frente al todavía insólito espectáculo de cientos de bicicletas rodando en una masa feliz, tanta rabia no se explica así nomás... también hubo un tachero que se sumó con su grito: "Aguante masa crítica". Más eran los que no tocaban bocina y esperaban unos minutos, pero los que se hacían notar eran los otros, colgados a sus cláxones autoritarios. Era estimulante la respuesta que surgían bajo la forma de aullidos, alaridos, bocinas humanas -ojo que yo también sueno, decía cada grito- y esas otras bocinitas bicicleteras, que parecen de payaso y arrancan risas y sonrisas.
El contraste de una ciudad ensordecida de motores se opone al rinrineo de la masa crítica que mucho deja escuchar, aunque en el ir y venir los diálogos queden truncos. Recuerdo cerca de Parque Rivadavia a una chica diciéndome: “Cuando pincho, quedo sensible”. No pude averiguar si se refería a la rueda de su bici o era algo más íntimo, porque las bicis que estaban delante de mí se detuvieron de repente: de un edificio una vecina caritativa manguereaba a la multitud, y la horda coreaba triunfal: "Una más y no jodemos más". Luego al pasar por la cancha de Argentinos Juniors, un sector de la barra alentó al grito de “Ohhh Paternal-Paternal-Paternal”. Ya por Agronomía una automovilista reclamaba a los chicos que hacían de tapón, uno de los varones le tiró: “Histérica ¿te vino?” Y un segundo más tarde: “Es una vez al mes”. Tan pronto los dejé atrás que no me quedó claro si se refería la masa o la menstruación. La marea me llevaba hacia nuevos sentidos, el último fue cuando Agostina anunció: “Che, ésta ya se me murió”, cabeceando hacia la rueda de atrás que afirmaba con un desconsolado taca-taca-taca. “Muy oportuno”, dijo Nico mirando la entrada del cementerio.

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