5 feb. 2017

Viola Chilensis

Violeta Parra es la hermana mayor del folclore latinoamericano. Este año se cumplen cincuenta aniversario de su muerte y cien de su nacimiento. Por si necesitáramos una excusa para recordarla. 






Dulce vecina de la verde selva 
Huésped eterno del abril florido 
Grande enemiga de la zarzamora
Violeta Parra.

Jardinera 
               locera
                        costurera 
Bailarina del agua transparente 
Árbol lleno de pájaros cantores 

Violeta Parra.

Has recorrido toda la comarca 
Desenterrando cántaros de greda 
Y liberando pájaros cautivos 
Entre las ramas.

Preocupada siempre de los otros 
Cuando no del sobrino 
                                       de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma 
Viola piadosa.



Nicanor, su hermano mayor, el “antipoeta”centenario, comenzó con estos versos la elegía que le dedicó tras su muerte. Ella –mujer latinoamericana, poeta, artista plástica– se plantó en esta tierra como semilla y se convirtió en el árbol que cobijó a las generaciones de artistas populares de todo el continente. “Viola chilensis” la llamó Nicanor, es que su vida y obra son inseparables de la tierra que la moldeó, y a la que ella ayudó a dar forma e identidad. La universalidad de sus canciones tiene raíces profundas en el costado pacífico de la cordillera. Escuchar a Violeta Parra, o a sus canciones interpretadas por otros –como Mercedes Sosa, que convirtió algunas en verdaderos himnos–, es adentrarse en su mundo íntimo y amoroso, pero también uno de fuerte contenido social.

De origen humilde y parte de una familia de artistas se destacó como defensora de las tradiciones populares y de sus formas expresivas, a las que conoció de primera mano e investigó en profundidad. “Consulté a Nicanor, el hermano que siempre ha sabido guiarme y alentarme. Yo tenía veinticinco canciones auténticas. Él hizo la selección y comencé a tocar y cantar sola. Después me exigió que saliera a recopilar por lo menos un millar de canciones. ‘Tienes que lanzarte a la calle’, me dijo (...) Encontré folklore en todas partes.”

Gran parte del material que recopiló –coplas, cuecas y tonadas– probablemente se hubiera perdido sin su trabajo. Esa experiencia antropológica la convirtió en testigo de cómo vivían los mineros, campesinos y aborígenes; y ese pasaría a ser uno de los ejes de sus composiciones.

Canciones que se pintan

Contra la guerra - Bordado sobre arpillera (144 x 192 cm).
“En esta arpillera están todos los personajes que aman la paz.
La primera soy yo, en violeta, porque es el color de mi nombre”
La obra plástica de Violeta Parra es más secreta. Sus óleos eran el espacio en que se abría a lo más oscuro y dolido de la vida, mientras que los tapices y arpilleras, donde predominaban la paleta del mundo araucano: amarillo, negro, violeta, rojo, verde y rosado, expresaban el goce y la vitalidad. En un planteo estético que la acerca más a la tradición del barroco americano que al clasicismo occidental, usó materiales del mundo popular e indígena que mostraban la vida y leyendas del pueblo chileno. “Las arpilleras son como canciones que se pintan”, afirmó.




En 1964 fue la primera hispanoamericana en tener una muestra individual en el Louvre, en París. Al año siguiente retornó a Chile, como durante toda su vida su actividad continuó febril, grabando discos, escribiendo canciones. Luego montó junto a sus hijos una Carpa en la comuna de la Reina, un centro cultural que finalmente no funcionó como había planeado y donde decidió quitarse la vida.

Su vida sentimental fue signada por dos grandes amores, Luis Cerceda, el trabajador ferroviario a quien dedicó la recordada canción “Qué he sacado con quererte”, con influencias rítmicas mapuches; y el joven suizo Gilbert Favré, que posteriormente conformaría el grupo Los Jairas, al que le compuso “Run run se fue pa’l norte”.

A cincuenta años de su muerte, y cien de su nacimiento, no es posible pensar una Latinoamérica sin Violeta Parra, sin sus canciones, sin su poesía. Pertenece a esa genealogía de creadores a los que adopta el pueblo. Dejó una huella ardiente, que no se mitiga ni sofoca con el correr del tiempo. Aún todos queremos abrazarla y sentirnos abrazados por ella.


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27 ene. 2017

Andrés Ehrenhaus, artillero y escritor

Un obus cayendo despedaza posee 19 relatos en los que el fino humor, el erotismo, el juego lingüístico marcan el ritmo de la prosa. Un libro en que el lenguaje estalla en una fiesta en la que el lector está invitado a participar. 


Foto: Laura Folica

No hace falta ser un experto en bebidas para comprender que de la mezcla de los ingredientes de un cóctel tanto pueden salir tragos excelsos como intomables. En la literatura no es muy distinto: letras, humor, misterio y lo que se quiera agregar componen las más diversas obras. Andrés Ehrenhaus tiene el pulso de un creador que sabe combinar y sorprende en cada uno de los 19 relatos de Un obús cayendo despedaza (Malpaso).

Ehrenhaus, un rara avis de la literatura argentina, que hace unos 20 años se exilió en Barcelona, tiene un arcón lingüístico sin fondo. Toda clase de expresiones parecen entrar en su horizonte, saca términos de los fondosde su memoria y juega con un lenguaje que, más allá de sus variantes geográficas y temporales, nunca se detiene, como en una rave en la que bailan hasta las viejas locuciones de los tiempos de Maricastaña. Esta fiesta que se revive en cada cuento muestra una cantidad de anécdotas y personajes, a veces juega con el absurdo pero siempre deja una huella que revela un trasfondo real.

En los relatos aparecen usos desde el “vesre” porteño (yotebis, troesma), formas del español peninsular,
hasta la castellanización de palabras inglesas y francesas que ponen de cabeza la existencia de un español neutro. Desde Barcelona, en una entrevista con vía mail, Ehrenhaus reflexiona sobre su modo particular de entender la literatura y el modo en que toma forma su lenguaje literario: “La idea de usar el bagaje o el ruido o la herencia lingüística como material crudo es bastante estructural en mí, tiene que ver con cuestiones familiares y el caleidoscopio de lenguas y dialectos que vengo oyendo desde chico, pero también con juegos muy propios de países parcheados como Argentina y, por supuesto, con mi larga estancia en Cataluña, y mi profesión de traductor.”


Respecto del proceso creativo de este libro, dice saber que da la sensación de ser un escritor de ocurrencias, "una especie de cazador oculto que encuentra de pura casualidad alguna agujita entre el centeno, pero en la modesta kichenet de mi cerebro eso no es así". "Ocurrencias hay millones, temas importantes solo cuatro… o tres. O dos", afirma con certeza y humor.

–¿El sexo y la muerte?
–No, no, eso es para malpensados o violentos. Yo me refiero a temas literarios: el lenguaje y el silencio. Que, de acuerdo, si los zizekamos, un poco vendrían a ser como el sexo y la muerte. Pero incluso en ese caso podemos decir que la relación que tiene un escritor con esos dos grandes ballenatos pasa necesaria y dolorosamente por el uso que hace del decir y el callar: con qué arpón le tiramos al bicho, cuándo, dónde, por qué. Para mí, el escritor ante todo tiene que saber callar: he ahí su responsabilidad ética o política. La buena literatura está hecha más de lo que se calla que de lo que se dice. El humor está en lo implícito, el erotismo también, y también lo religioso. Así que, en cierto modo, yo trabajo quitando más que poniendo, descontextualizando y reutilizando, no solo palabras o expresiones sino cachos de historias, anécdotas, situaciones, opiniones, perfiles, actitudes o verdades. Todas mis verdades son a medias, y lo digo de entrada, como si fuera un motto o un grito de guerra del tipo "Santiago y cierra España", o "A degüello", o "Ahora, Rinti": "Si me vas a creer, que sea a medias, amigo". 


"El escritor ante todo tiene que saber callar: he ahí su responsabilidad ética o política. La buena literatura está hecha más de lo que se calla que de lo que se dice. El humor está en lo implícito, el erotismo también, y también lo religioso". 
 –En relación con otros libros tuyos, se nota un cambio en el modo de abordar los textos.
–Sí, yendo un poco más a pinchar hueso, es cierto que el Obús rubrica un cambio de “posicionamiento narrativo”, para decirlo pomposamente, que ya se venía perfilando con timidez en anteriores libros y que acá se instala casi a full. En el Obús casi todo lo que está fue o es. Las anécdotas son reales, los personajes existen, los lugares también. Lo que se nombra es a medias cierto, mientras que antes yo ocultaba también esa media verdad, seguramente por un exceso de pudor, pero la ocultaba detrás de palabras, no de silencio. Ahora no me preocupo tanto por tapar las huellas y dejo que el narrador use materiales más cercanos, más candentes y también más cándidos.

–¿Por qué?
–Quizás por cansancio o tedio: me aburrí de inventar realidades otras, me basta con descuajeringar las que tengo a mano. El método del Obús es sencillo: dada la situación real A, ¿cómo hacer para que confluya con la situación real B (que es necesariamente disímil o incluso divergente de A) de modo que, después, ambas generen C, la solución que desconozco y a la que solo nos puede conducir el narrador. Sumo X manzanas con Y bulones y no me opongo seriamente a que el resultado sean Z truchas.
"Parto de la premisa de que todo es utilizable o reutilizable y, a la vez, desechable. Y trato de que mis métodos de selección no sean puramente intelectuales, sino que tengan mayor protagonismo los sentidos, sobre todo el oído, pero también los más relegados y aplastado por la vista: olfato, gusto, tacto. Y un sexto sentido, que para mí es el azar".

–El ritmo y la extrañeza de las palabras, la sintaxis y la gramática llegan a ocupar tanto protagonismo como los personajes. Este uso del lenguaje tiene que ver con un empleo lúdico, con un ejercicio de estilo o con...
–Como te decía antes, parto de la premisa de que todo es utilizable o reutilizable y, a la vez, desechable. Y trato de que mis métodos de selección no sean puramente intelectuales, sino que tengan mayor protagonismo los sentidos, sobre todo el oído, pero también los más relegados y aplastado por la vista: olfato, gusto, tacto. Y un sexto sentido, que para mí es el azar. Mi empeño es lograr una retórica sensorial que no sea solo visual. La psicología, en cambio, me importa mucho menos, prefiero trabajar con personajes en apariencia planos, que se desdoblan por puro artilugio del lenguaje, que no necesitan guardar coherencia “clínica”, digamos. Les basta con hablar o ser hablados para morir por la boca, como el pez. Y de esa manera volvemos otra vez más, nuevamente y con reiteración, a lo de decir o callar.

–Es muy difícil leer Un obús cayendo despedaza y no mencionar el humor.
–Creo que el humor es tan inevitable como la poesía. De hecho, son la misma cosa. Un chiste es, técnicamente y ante todo, una metáfora. Y la literatura, incluso la más ceñuda y ceremoniosa, es un constante tira y afloje con los lapsus. En ese sentido, Freud es un capo: se da cuenta de que lo que creemos decir en serio es un pavimento de emergencia bajo el que crece la palma. O le echamos alquitrán y cemento encima todo el tiempo o al final las plantitas asoman acusadoras a la superficie. Si tengo que elegir entre escribir un capítulo de una novela o jugar un picadito en el barrio, no lo dudo ni un segundo. Yo novelas casi no escribo. En una novela siempre se acaba imponiendo, como una caspa inevitable, cierta pátina de seriedad. Salvo casos maravillosos e irrepetibles: Flann O’Brien, Joseph Roth, Boris Vian, por no hablar de los grandes leviatanes, Cervantes, Sterne, Rabelais, Shakespeare; pero claro, al lado de esos mejor no ponerse porque te hunden el botecito, cuanto más lejos de ellos mejor. De todos modos, si ellos se partían de risa, ¿por qué no uno? Ahora bien, el humor como principio o reglamento acaba siendo serio también, acaba siendo otro modo de pavimento, así que no hay que proponerse hacer reír sino dejar que la risa aflore, del mismo modo que pueden aflorar otras expresiones de la angustia humana. Hacer reír o hacer llorar son caminos vanos. Pero simplemente reír o llorar no lo son.

–Además, tanto el humor como la poesía te obligan a cierto distanciamiento.
–Obligan al autor, por supuesto, obligan al narrador, obligan al lector a tomar distancia. Ese distanciamiento brechtiano es esencial para que la literatura sea literatura, o sea, media verdad, y no verdad del todo. Hay, sin duda, otras maneras de lograrlo, y en general todas conviven (o deberían convivir). Hoy en día impera una narrativa que busca la verdad, una verdad inmediata y someramente existencial, muy ligada a la experiencia pequeña, que obra exactamente al revés: amplifica la importancia de esa experiencia y reduce al mínimo la distancia entre los actores a los que apela (de los que el yo del autor tiene el rol protagonista). Yo creo que si la cosa sigue por ahí, podemos ponerle fecha de defunción a la narrativa. Habrá otras formas de literatura pero no serán esa. Tomarse en serio a sí mismo es el principal impedimento para escribir algo más o menos digno de ser leído. En ese sentido, sí podemos decir que coincido bastante con un enfoque ehrenhausista de la escritura.

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2 ene. 2017

Ciencia pop que inspira y provoca

El gato y la caja, la plataforma online de divulgación y debate desde el punto de vista de la ciencia más novedosa de los últimos años. Los artículos, y muhcas veces los comentarios de los foristas, no tienen desperdicio...



Para los que lo conocen, saben que decir que El gato y la caja es un proyecto online de divulgación científica es valorarlo en menos de lo que vale. En apenas tres años, el proyecto ha alcanzado metas mucho más ambiciosas. Por ejemplo, de ser una cuenta en Twitter pasó a tener su propio espacio de investigación en el que proponen y generan nuevos conocimientos, y esto agitando a un público que en su mayoría es joven y no está necesariamente ligado a la ciencia.

En un momento político en que el mundo de la investigación científica enfrenta el duro desafío del desfinanciamiento y del menosprecio de ciertos sectores, El gato y la caja –encabezado por Facundo Álvarez Heduan, Juan Manuel Garrido y Pablo González– muestra no sólo la necesidad de una gran cantidad de gente que busca y aprecia la mirada científica cuando esta logra dar explicaciones claras, y además accesibles y divertidas, sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana, sino que también evidencia el fervor de muchos científicos por dar a conocer sus trabajos a comunidades más amplias que las de sus propias disciplinas.

“Qué cosa hermosa cuando los datos cuentan una historia”
Clic a nota original
amarillo troll pro recorte, azul anti recorte
Uno de los últimos artículos de esta plataforma, escrito por Pablo González, gira en torno a si hubo una operación en Twitter contra Conicet, y como es la costumbre de este sitio lo hace sobre datos duros. En este caso, los toma de la investigación de Analía Celeste Luis (@Analiacl) y Yamila Abbas (@abbasyami) que recopilaron e hicieron un primer análisis sobre una muestra realizada sobre el total de tuits vinculados a este tema entre el 10 y el 21 de diciembre.

El resultado revelaba que 52% de los tuits que mencionan la palabra Conicet están a favor de la institución y un 48 en contra. Además de la polarización, este primer análisis muestra que el grupo que apoya a los investigadores del Conicet produjo una mayor cantidad de tuits individuales y es bastante más heterogéneo ideológicamente (no son solo kirchneristas) en tanto que los “pro recorte” se mostraban más oficialistas y antikirchneristas y son mayormente retuiteos de ciertas fuentes centrales, es decir que esos tuits estaban organizados a partir de la repetición de los de algunos “líderes de opinión”.

Otra información muy descriptiva que muestra la sistematización de tuits es que mientras el grupo “anti Conicet” utilizaba términos descalificadores y enjuiciadores, los del grupo anti recorte tendían a ser más argumentativos y a dar datos concretos sobre el estado de la investigación en Argentina. Un detalle curioso que muestra el análisis es que el grupo pro recorte centró principalmente sus ataques sobre las investigaciones de Sociología de la Cultura.

Más datos interesantes que se relevan y analizan en el artículo “Jugada preparada” muestran que la mayoría de los tuis en contra del Conicet provinieron de fuentes que se identificaban con caricaturas, fotos de bancos de datos, entre otros (exceptuando al operador periodístico Gabriel Brasesco), mientras que del lado anti recorte “los usuarios con mayor volumen de menciones y retweets en esta red fueron referentes académicos, investigadores y algunos portales digitales”.

Si bien, sabiamente, el artículo advierte que la información y el análisis debe ser usado “con la cautela de quien presenta un (trabajo) preliminar y asumiendo buena voluntad y capacidad de refinar cada una de las estimaciones”, también previene sobre que Twitter “como soporte y medio no es ajeno a la posibilidad de ser analizado, entendido, expuesto y tal vez hasta manipulado”.

A roquear

La presentación del proyecto Labs de El gato y la caja, el jueves 15 de diciembre, lejos del acartonamiento de un congreso académico reunió a un público mayormente de entre 20 y 30 años sin otra motivación que la curiosidad por ser parte de un evento científico. El Centro cultural de la ciencia –al ladito de Conicet y pocos días antes de que fuera tomado por becarios e investigadores– se colmó por más de las dos horas que duró el evento, y los participantes se dedicaron a hablar de ciencia con una energía muy parecida a la de un concierto de rock.

El clima de diversión se entiende por la voluntad de continuar un diálogo que comenzó en las redes sociales. Mientras los integrantes del proyecto armaban la planta baja del Centro, Paloma Urtizberea, neurocientífica y coordinadora de proyectos, explicó a Tiempo porque cree que este proyecto tiene tanto éxito, “El Gato se paró en un lugar que no ocupaba nadie, cuenta con un tono ameno y cómplice, y apunta a un público que está interesado pero no encontraba un espacio de cultura y debate tan particular. Se generó un espacio en el que gente que no se conoce pero tiene intereses en común puede interactuar.”

“el Gato surgió de la necesidad de hacer comunicación de ideas que nos parecen piolas y que no están presentes en el mundo de la comunicación, con estrategias diferentes, como comunicar visualmente.”
 Al comenzar a caer la tarde, mientras el Centro se llenaba de murmullos, Juan Manuel Garrido, uno de los fundadores y diseñador del proyecto, contaba que “el Gato surgió de la necesidad de hacer comunicación de ideas que nos parecen piolas y que no están presentes en el mundo de la comunicación, con estrategias diferentes, como comunicar visualmente. El logo de Labs trata sobre la transparencia, para contrastar con la idea de que la ciencia es una caja negra.”

Y explicó la función del diseño en la comunicación de ideas complejas: “En lugar de una planilla de datos inmensa que pocos pueden entender, buscamos un gráfico interactivo que no requiere que uno sea un científico experto para entenderlo y acceder a los datos. Tratamos de usar todas las herramientas de diseño que conocemos para que más usuarios accedan a mejor información de manera más directa sin interpretaciones en el medio.”

Los asistentes –el público habitual de este proyecto– provienen de diferentes áreas, como Ciencias Ambientales, Edición, Informática, por mencionar algunas de las muchas que declararon los consultados por este diario; tienen en común haber conocido el espacio en las redes sociales; Mariana, por ejemplo, vio una entrada compartida en Twitter sobre el bajón del porro y cuando la leyó se encontró con que tenía fuentes, base científica y de ahí siguió con otras notas; Fabián, que fue con una patineta colgando de la mochila, contó que lo conoció través de Facebook le encantó el tono y el ángulo original con que bajan ideas a un lenguaje simple, y la mezcla de ciencia y diseño, sin un lenguaje “denso”; Luciana, fanática de los videojuegos, “picó” a través de un artículo sobre intuición artificial.

Tal vez se trata, como explican en su web, de que ven a la ciencia como “una herramienta indispensable para la mejora de una sociedad” y así la vuelven indistinguible del resto de los elementos que forman la cultura.

Labs

El espacio Labs, es la pata de investigación de El gato y la caja, aquí se proponen generar conocimientos nuevos, no sólo divulgar. Básicamente, se trata de experimentos con mucha gente sobre temas como la toma de decisiones, cuán engañables somos las personas, por qué se piensa de una manera y no de otra.

Con la presencia de los científicos patrocinadores Mariano Sigman, Andrés Rieznik y Federico Zimmerman, más el equipo de El gato y la caja, más el público que no sólo los sigue sino que forma parte activa del proyecto el encuentro fue una suerte de congreso científico rockeado (y no por esto poco riguroso).
Quien se pregunte cómo la ciencia puede generar tanta pasión, no tiene más que visitar la web de estos gatos y solito se irá enredando en una de las aristas más críticas y productivas del mundo online.

El jueves presentaron los resultados de los proyectos de investigación online que realizaron durante los últimos meses: Ceguera a la elección política, Moravec y Moral. En el primer caso, Andrés Rieznik explicó que se hicieron preguntas sobre posiciones políticas durante el balotaje entre Scioli y Macri y luego repreguntaban diciendo lo contrario y pidiendo que justificaran esa posición como propia cuando en realidad no lo era. Más de 3800 usuarios formaron parte del proyecto y algunos de los resultados fueron que cuanto más de acuerdo o de desacuerdo se tiene con un tema más difícil es engañar a una persona, además encontraron que, en promedio, las mujeres fueron menos engañables que los hombres, y los votantes de Scioli menos que los de Macri.

También observaron que los temas en los que era más difícil engañar a los votantes del FPV y los del macrismo eran diferentes, mientras que la tasa de detección del engaño en los primeros subía en temas como la Ley de Medios o planes sociales; la de los votantes amarillos crecía en temas relacionados a la transparencia. Además midieron, compararon y observaron una diferencia significativa en el nivel de confianza puesto en las respuestas manipuladas respecto de las no manipuladas, es decir, que aunque no detectaran el engaño en el cambio de la respuesta, el nivel de confianza (medido de 0 a 10) bajaba.

En los temas de moral, se contaron experimentos en los que se medía la respuesta del público respecto de si es más fácil apretar un botón que empuja a alguien o empujarlo uno mismo; o se midieron las respuestas frente a distintas posibilidades respecto de una situación hipotética como si se sacrificaría a una persona por salvar a cinco. En realidad, los problemas eran algo más complejos que este resumen y, en todo caso, el aspecto lúdico siempre estuvo involucrado en preguntas complejas explicadas de manera sencilla, con onda y a través del método científico.

Quien se pregunte cómo la ciencia puede generar tanta pasión, no tiene más que visitar la web de estos gatos y solito se irá enredando en una de las aristas más críticas y productivas del mundo online.



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22 dic. 2016

La Insurrección de Dublín

 La primera insurrección irlandesa contada desde la pluma de James Stephens, en vivo y directo pero desde el costadito, sin saber muy bien qué pasaba. Escribir un buen libro no es un problema de información, sino de cancha...  


No hay hecho, grande o pequeño, que no pueda aspirar a la inmortalidad si tiene un gran escritor que lo narre. En el caso de James Stephens supo narrar un acontecimiento central de la historia irlandesa desde los márgenes, desde la ignorancia de los acontecimientos centrales en la que él y el resto de los dublineses vivían, por lo que reemplazaban la falta de información (y comida) por un hervidero de rumores.  

La potencia y creatividad de la pluma de este escritor irlandés, afiliado al Sinn Féin, convirtieron La Insurrección de Dublín en un clásico. Pero, ¿qué pasó en la Pascua de 1916 en Dublín? Pasó que el pueblo se despertó en medio de una insurrección que estuvo tan bien preparada en la clandestinidad por reducidos grupos nacionalistas que muchos de los líderes se enteraron el mismo día del levantamiento. Esta rebelión tuvo importantes repercusiones históricas respecto de la independencia del yugo británico, pero tanto a los irlandeses como a los ingleses contemporáneos los tomó por sorpresa y prácticamente sin ninguna información: “La barbarie es mayormente la ausencia de noticias”, anota en su diario Stephens al quinto día del alzamiento.  
El día de la revuelta, el escritor y poeta irlandés James Stephens
 cuenta que como todas las mañanas fue a trabajar a pesar del feriado pascual, ya que como empleado del Museo de Artes de Dublín le tocaba cumplir tareas. A la una en punto –con precisión irlandesa, no inglesa– salió a almorzar. Pequeños grupos de curiosos murmuraban entre sí. “¿Hubo un accidente?”, preguntó incauto. Recién en ese momento, comenzó a enterarse de que grupos armados habían tomado edificios clave de la ciudad con pretensiones de proclamar el comienzo de la República de Irlanda.

La Insurrección de Dublín –con una impecable traducción y prólogo de Matías Battistón que suman a la hermosa edición de ediciones Godot– es un diario-crónica escrito en paralelo al levantamiento, y se mueve en medio de esa nebulosa informativa de la cual el relato hace una virtud. Pese al fracaso insurrecto, esas acciones militares implicaron un punto de quiebre en las relaciones del pueblo irlandés con Inglaterra. Stephens logra retratar no sólo las vivencias de los pobladores, sino también reponer el contexto histórico y sobre todo el espíritu del pueblo irlandés:“En estos últimos dos años de guerra mundial, han cambiado nuestras ideas sobre la muerte. Ya no es esa presencia furtiva que se arrastraba hasta nuestra cama y que combatíamos con pastillas y frascos de remedios. Ahora ha vuelto a cabalgar en el viento, y nos puede acompañar en nuestros paseos por los campos y los espacios al aire libre. Ha perdido toda su morbidez, su carácter enfermizo, y lo que ahora queda de la Muerte es pura salud y fervor. Por eso Dublín se reía del estruendo de su propio bombardeo, y no se quejaba de los muertos.”

"En Irlanda no importa mucho si uno pierde, pero sí importa haber dado pelea"
 
La rebelión duró exactamente una semana antes de que el ejército del imperio británico la aniquilara. Según cuenta Stephens, las clases populares y las mujeres no simpatizaban con el alzamiento, ya que en paralelo se desenvolvía la I Guerra Mundial en la que paradójicamente participaban brigadas irlandesas junto al ejército inglés. Pero poco a poco, mientras los Voluntarios –uno de los principales grupos insurrectos– resistían, el apoyo popular fue virando, entre otros motivos porque “en Irlanda no importa mucho si uno pierde, pero sí importa haber dado pelea”. La posterior ejecución sumaria de los líderes de la revuelta sumó kilos de arena a ese costal, entre los fusilados se encontraba el James Connolly, uno de los grandes líderes de la clase obrera en Irlanda.

Hacia el final del libro, cuando Stephen ya comienza a sacar conclusiones, escribe: “Los voluntarios han muerto y ahora el país clama por voluntarios nuevos”, pocos años más tarde se proclamaba la República Irlandesa.

28 nov. 2016

El pozo inagotable de Roberto Bolaño



 El espíritu de la ciencia ficción -una suerte de precuela de Los detectives salvajes- es una obra temprana, fechada en Blanes en 1984, se trata de un momento bisagra en la escritura de Bolaño, ya que aparecen los temas en los que profundizará en sus libros posteriores, como el vínculo entre el mal y la literatura, la amistad, el amor y el sexo.

 
Nadie duda que Roberto Bolaño sea un fenómeno editorial, sin embargo, su obra se alza mucho más allá, ya que marcó nuevos horizontes para la literatura Latinoamericana, aparcada entre las cenizas del Boom y los experimentos vanguardistas. Los libros que Bolaño escribió en su morada en Blanes, en la Costa Brava catalana, señalaron un hito que atravesó a lectores, críticos,  editores y traspuso su propia muerte.

Pero la lápida no es una barrera para Roberto Bolaño, como en una película de sobre muertos que todavía tienen asuntos pendientes en el plano terrenal, desde la ultratumba, a trece años de su funeral, la mano del escritor se alza blandiendo un nuevo libro: El espíritu de la ciencia ficción, debut de Alfaguara como editora del autor chileno. Debates aquí y allá. ¿Marketing editorial? ¿Bolaño habría querido publicar este libro? ¿Suma en términos literarios?

El debate sobre la edición de este libro no pasó las fronteras de una escaramuza, ya que sobre Carolina López, viuda de Bolaño, no pesaba un pedido de interdicción como, por ejemplo, en el caso de Max Brod, albacea literario de Franz Kafka. Unos días atrás, en una de sus apariciones públicas, López polemizó con el ensayista Ignacio Echevarría, editor de los últimos inéditos de Bolaño, El Tercer Reich (2010) y Los sinsabores del verdadero policía (2011), sobre el cambio de sello editorial –de Anagrama a Alfaguara– la viuda de Bolaño arguyó que correspondía principalmente a motivos económicos, especialmente refirió al monto de las comisiones y al precio de venta de los libros.
Pero más allá de estas rencillas, lo cierto es que El espíritu de la ciencia ficción puede leerse como una obra concluida. Es más, la legión de seguidores de Los detectives salvajes, uno de los grandes portaviones de la flota Bolaño, probablemente se sientan muy a gusto con esta nueva publicación, ya que en ella se percibe el aliento que luego lo llevaría a escribir aquella novela.


En Bolaño dos pulsiones contrarias compiten sin cesar, como si sólo al borde del abismo se pudiera escribir y afirmar que realmente se está vivo.

 El espíritu de la ciencia ficción es una novela de iniciación, literaria y sexual, en el marco de una trama de tipo policial, formato que recién terminará de pulir en la escritura de Los detectives… De los rincones de la novela brotan poetas –malditos, marginales– de las más extraordinarias variedades, es que los jóvenes protagonistas intrigados por la proliferación de talleres literarios y revistas de poesía, intentan averiguar la causa de esa explosión. 


Si bien es una obra temprana, fechada en Blanes en 1984, se trata de un momento bisagra en la escritura de Bolaño, ya que aparecen los temas en los que profundizará en sus libros posteriores, como el vínculo entre el mal y la literatura, la amistad, el amor y el sexo. El pulso de Bolaño late con vehemencia, puede sentirse en ciertos pasajes en los que la escritura brota inagotable, en la discontinuidad narrativa a través de historias secundarias y, sobre todo, en la idea de que la literatura está anudada a la vida y es una forma de aventura: “Mitad ganas de vivir, mitad piedra de sacrificios.”
Así como Los sinsabores del verdadero policía funciona como un antecedente (inacabado) de 2666, este libro puede leerse de la misma manera respecto de Los detectives salvajes, pero además es el primero en el que el chileno comienza a tantear el sendero que lo llevará a recorrer los nuevos caminos de su prosa narrativa y experimental a la vez. La historia transcurre en los años setenta en un DF clandestino, un laberinto de bares, madrigueras y baños turcos por donde serpentean Jan Schrella y Remo Morán, dos aspirantes a escritores que comparten una buhardilla en la ciudad de México. A ellos se le suma José Arco que junto con Remo –y La princesa azteca, una motocicleta– son los personajes que motorizan la acción narrativa.


Bolaño es de los pocos escritores que puede penetrar sin miedo en el universo del sexo, sin forzar escenas ni caer en puritanismos ni volverlo trivial o simplemente insulso y vulgar. 


El armado narrativo se completa con una entrevista a un joven escritor consagrado, probablemente Jan o Remo en el futuro, y varias cartas que Jan, quien apenas sale de su micro-departamento, se pasa enviando a escritores de ciencia ficción estadounidenses, como Úrsula K. Le Guin, Fritz Leiber, Alice Sheldon, entre otros. Cartas en las que fluye tanto el análisis  de las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica como el relato de los  quehaceres y novedades cotidianas. 

La última parte de la novela, llamada “Manifiesto Mexicano” narra las experiencias amorosas y sexuales de Remo y Laura. Bolaño es de los pocos escritores que puede penetrar sin miedo en el sexo, sin forzar escenas ni caer en puritanismos ni volverlo trivial o simplemente insulso y vulgar. Ese talento surge en el transcurso de la novela, cuando en medio de la búsqueda, de algo que nunca se encuentra, aparece el primer roce del amor: “Me sentí perdido y feliz en medio de aquella escalera. La escalera misma, que antes no significaba nada especial, se transformó en algo extraordinario, mitad serpiente y mitad desempeñadero.”  


Anexo facsimilar

La perla de la edición de Alfaguara es un anexo con una serie de copias facsimilares de diversas libretas en las que Bolaño escribió la novela. La letra sintética, prolija y apretada precede no solo al uso de la computadora sino al de la máquina de escribir eléctrica. Como el diario de un viajeros, en esas libretas plasmaba sus ideas, personajes, imágenes, posibles estructuras narrativas, y a medida que las iba pasando en limpio con una soltura asombrosa, iba tachando los borradores.








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11 nov. 2016

El fantasma de la traducción


En Argentina se ha conformado el Frente de Apoyo a la Ley de Traducción Autoral. Por una legislación que regule la actividad y dé a los traductores el reconocimiento simbólico y material que les toca.

Un fantasma recorre Argentina y esta Babel que es el mundo: el fantasma de la traducción. La piedra angular sobre la que se monta toda posibilidad de tránsito de los escritos de una lengua a otra, es decir, saberes, literatura, cosmovisiones, etc. En plena globalización, este trabajo resulta clave en la circulación de textos, sin embargo, el traductor es una figura invisibilizada en el mundo editorial argentino, tanto en términos materiales como simbólicos.

Sí, los lectores argentinos leemos desde Tolstoi o Foucault hasta Paulo Coelho o Kawabata, pero a menos que, como el diablo, manejemos todas las lenguas del mundo, necesitamos de especialistas que trasladen esos símbolos indescifrables al castellano. De modo que tenemos la necesidad de esa mediación. No es una ciencia, claro, si no, todas las traducciones serían iguales y prácticamente inmutables. Entonces, ¿el Shakespeare de Romeo y Julieta no es el Shakespeare de Romeo and Juliet? Pregunta difícil si las hay, y que no intentaremos responder en esta nota. Aquí se trata de llamar la atención sobre el trabajo que hay detrás de esas obras traducidas y el rol y reconocimiento que les toca a los traductores.

Para desarrollar un marco legal que les dé el reconocimiento que su trabajo amerita en el mercado editorial argentino, se conformó en 2013 el Frente de Apoyo a la Ley de Traducción Autoral. Este proyecto contempla a todos aquellos que se dediquen a la actividad, más allá de sus estudios y diplomas, ya que diversos son los caminos que forman a un traductor. Una de las características de este Frente es la cantidad y diversidad de apoyos que ha recibido: Horacio González, Ricardo Piglia, Marcelo Cohen, Beatriz Sarlo, Alberto Manguel, entre otros cientos de firmas.

Para profundizar los alcances de este proyecto, conversé con Andrés Ehrenhaus –escritor y traductor del inglés y del francés, tradujo a William Shakespeare, Lewis Carroll, Jack Kerouac, Brian Aldiss, Guy van Sant, entre otros–, uno de los representantes del Frente.

Uno de los puntos que Ehrenhaus señala como más destacado es el espíritu de incorporar normas equitativas y proporcionales en la relación entre el autor de la traducción y el usuario autorizado de los derechos patrimoniales: tratar de que esa relación laboral no sea siempre desigual”. Además enfatiza “que lo más importante es que la sociedad entienda la absoluta necesidad de dotar de un marco regulador a una actividad que incide directamente en todos los aspectos culturales, desde la educación hasta el negocio”.

"Lo más importante es que la sociedad entienda la absoluta necesidad de dotar de un marco regulador a una actividad que incide directamente en todos los aspectos culturales, desde la educación hasta el negocio.”
–¿Cómo es la situación legal de los traductores en Argentina?
–Creo que hay que distinguir entre situación legal (o sea, de derecho) y situación laboral (o sea, de hecho). La situación de derecho (Ley 11.723, que data de 1933) indica que el traductor es autor de una obra derivada y goza o debería gozar, por el mero acto de creación de la obra (dice la Constitución), de los mismos derechos morales y económicos que los restantes autores. Esto, que parece obvio y de cajón, da la sensación de no haber entrado en algunas molleras, sobre todo cuando se trata de reflejar ese derecho en los papeles. Y no me refiero sólo a los contratos con los editores, sino también a la postura de muchos críticos y de algunos profesores. De todos modos, incluso en el caso de que se reconozca la calidad autoral del traductor, la Ley 11.723 no ayuda mucho a sacarle partido a la parte onerosa correspondiente, porque explicita la posibilidad excepcional de que el autor ceda por contrato esos derechos para siempre (art. 38), excepcionalidad que se ha convertido, por mor de los usos y costumbres de la industria, en consuetudinaria. De modo que, de hecho, tanto si le reconocen al traductor sus derechos autorales como si no, el beneficio que deberían reportarle suele serle escamoteado por hache o por be. Y eso que todavía no hablamos de tarifas ni de porcentajes.

"En primer lugar, sería como si David le impusiera a Goliat algunas de las reglas del juego. Que sean justas y necesarias, que lo son, es otro asunto; lo que le molesta a la industria es que el traductor pueda negociar en condiciones de igualdad contractual con el editor, que no tenga que aceptar todas sus condiciones si quiere conservar el encargo".




–¿Qué cambiaría con esta ley, en términos materiales y simbólicos?
–Sin duda, el impacto simbólico de esta ley será al principio más poderoso que el impacto material, que tal vez tarde en ajustarse a la nueva situación, como ocurrió ya en otros países. En España, por ejemplo, muchos editores tardaron casi diez años en aplicar la Ley de Propiedad Intelectual de 1986). En primer lugar, sería como si David le impusiera a Goliat algunas de las reglas del juego. Que sean justas y necesarias, que lo son, es otro asunto; lo que le molesta a la industria es que el traductor pueda negociar en condiciones de igualdad contractual con el editor, que no tenga que aceptar todas sus condiciones si quiere conservar el encargo. A la vez, disponer de un marco legal específico contribuiría a visibilizar la importancia de la traducción para la cultura y el mercado, y acabaría con la indefinición y otros estigmas que arrastra la actividad.

–¿Tiene algún antecedente como espejo?
–Este proyecto se mira sobre todo en el espejo de la Recomendación de Nairobi sobre la protección jurídica de los traductores (Unesco, 1976). Como se ve, estamos hablando de un documento de alcance internacional, no de un capricho de cuatro. Pero también en las leyes de Propiedad Intelectual de muchos países latinoamericanos, en algunos aspectos de la LPI española, etc. Y en una visión fenomenológica del estado de la profesión en Argentina: cómo y quiénes traducen, qué posibilidades reales tienen de vivir de su actividad profesional, qué papel real juegan en la cadena del libro. Con todo, creemos que es la única propuesta de regular exclusivamente la traducción autoral existente en el mundo. Ojo, no pretendemos modificar el reglamento de Propiedad intelectual que ya existe, sino ajustarlo a la realidad de la profesión allí donde esa reglamentación no llega o flaquea.

–¿Cuáles son los puntos más destacados del proyecto?
–En términos concretos, introduce la obligatoriedad de que el autor perciba siempre un porcentaje de regalías, que la autorización de uso de sus derechos siempre tenga límites temporales, es decir, que el contrato tenga un plazo de duración que no exceda los diez años,y que el editor se obligue a informar y liquidar los beneficios surgidos de la venta de la obra, cuando los hay, claro. Otro punto esencial, y muy controvertido en el ámbito profesional, es el que define al traductor como autor de la traducción, “cualquiera sea su formación profesional”, una definición muy protestada por algunos docentes y, curiosamente, por los colegios de traductores públicos, que quedan al margen de esta regulación, recordemos que es solo para traductores autorales y sin embargo se arrogan el derecho a rebatirla. Paradójicamente, las traducciones que toda esta gente lee y cita en sus investigaciones suelen ser producto, en su inmensa mayoría, del trabajo de traductores profesionales sin título habilitante, que es lo que el proyecto de ley recoge y pretende proteger. Otros aspectos del proyecto incluyen la propuesta de crear un premio nacional de traducción y otras medidas de fomento cultural de la traducción.

"Un punto esencial, y muy controvertido en el ámbito profesional, es el que define al traductor como autor de la traducción, 'cualquiera sea su formación profesional', una definición muy protestada por algunos docentes y, curiosamente, por los colegios de traductores públicos, que quedan al margen de esta regulación".

–Han tenido apoyo y adhesiones de importantes figuras e instituciones del mundo de la cultura.
–El apoyo de figuras e instituciones culturales ha sido masivo. También muchos medios de prensa se han hecho eco. Sin embargo, aún no tenemos la fuerza necesaria para mover la montaña parlamentaria; de ahí la idea de crear el Frente y ampliar la base de apoyo efectivo. También nos interesa poner en evidencia que la mayoría de los traductores autorales, docentes, alumnos, etc., están dispuestos no sólo a adherir sino a impulsar el proyecto hasta que se haga realidad legislativa.

–¿Qué debatirán en las jornadas del 5 de noviembre?
–La jornada del 5 tiene dos objetivos: uno, el más evidente, es presentar el Frente de apoyo ante la opinión pública y exponer sus contenidos y objetivos; el otro consiste en tratar de otorgarle un lugar real al proyecto en el ámbito de la cultura, ponerlo al alcance del debate y la discusión crítica, para que se haga carne sea cual sea su destino legislativo o político. Creemos que lo más importante es que la sociedad entienda la absoluta necesidad de dotar de un marco regulador a una actividad que incide directamente en todos los aspectos culturales, desde la educación hasta el negocio. Hasta que ese debate no se instale abiertamente, nos costará mucho lograr que la ley se apruebe. Por eso en la Jornada hemos invitado no sólo a traductores sino a representantes de otros campos colindantes, de otros proyectos culturales similares, a políticos, a docentes, a periodistas, a autores… La traducción es cosa de todos.



"La traducción es cosa de todos".