15 feb. 2015

Dos libros de Ezequiel Alemian


 "El otro día leía a alguien que hablaba sobre el temor a la descomposición o tal vez a la no construcción. Pero no hay que tener miedo porque si estás en estado de pregunta siempre tenés de dónde agarrarte. Siempre tenés la pregunta, no es que caés en el vacío. La pregunta es algo real. Como si se pudiese vivir en un estado en el que el único valor es cuestionarse todo el tiempo."


Es difícil sujetar los textos de Ezequiel Alemian a una definición. Sus libros tienen la virtud de hacer que el lector se cuestione sobre eso que tiene en la mano. Incluso sus textos menos experimentales amplían lo literario al potenciar la parte expresiva del lenguaje.

Durante el año 2014 se han publicado dos libros suyos, en el último, Impresiones (Editorial Excursiones), prevalece su faceta de lector, en Una Introducción (Mansalva), la de escritor. En ambos escribe como un exiliado, desde fuera y contra el territorio oficial. Pero un exiliado sin nostalgia, o tal vez con amnesia, menos interesado en su condición de apartado que en el territorio que recorre en su fuga. Fuera del frío abrazo de la moda, sus textos cartografían los límites de ese espacio impreciso que va recorriendo.

En un encuentro concertado en San Telmo para charlar sobre sus últimos libros, Alemian cuenta cómo se vive la literatura desde su lado del mundo. ¿Ficción? ¿Literatura? ¿Vanguardia? Las preguntas, como heridas abiertas, no cicatrizan y mantienen encendido el interés. "El otro día leía a alguien que hablaba sobre el temor a la descomposición o tal vez a la no construcción. Pero no hay que tener miedo porque si estás en estado de pregunta siempre tenés de dónde agarrarte. Siempre tenés la pregunta, no es que caés en el vacío. La pregunta es algo real. Como si se pudiese vivir en un estado en el que el único valor es cuestionarse todo el tiempo."

Una introducción es un libro de relatos heterogéneos, si alguien preguntara por su unidad, la respuesta sería esquiva, los textos mutan de un género a otro, plantean derivas atrapantes y no dan descanso. Incluye un diario de los avatares de un espectador durante el mundial de Alemania, una anécdota de Ornette Coleman perdido en Buenos Aires, un par de relatos de aventuras, entrevistas, historias huidizas y más.
Alemian encara su trabajo con libertad, sin solemnidad, sus relatos se desentienden de las cadenas del género y ensayan su propio camino, muchas veces resuelto esbozando una sonrisa. Su perspectiva disloca el ojo del lector y le permite internarse en los relatos sin nunca saber para dónde irá: "Me divertí mucho haciendo estos textos, algunas personas me han dicho que les resultaba extraño que textos tan raros funcionen en un mismo libro. Mientras iba haciendo los relatos de Una introducción me preguntaba qué pasaba con ellos. El sentido de algunos finalmente no se termina de constituir. El sentido se va desplazando. Es como un ritmo abstracto casi musical. Tocar el sentido es mortífero. No porque sea un relativista, es que en realidad no se puede."


El segundo libro que publicó, ya a finales de 2014, es Impresiones, una recopilación de artículos sobre literatura; reseñas, entrevistas, perfiles y una sección de recorridos de lectura (nouveau roman, escritores malditos, entre otros) producidos desde 2008 para diversos medios. Uno de los puntos más atractivos es que el lector puede percibir la curiosidad de Alemian al reflexionar, su voluntad de indagar en la necesidad de esos relatos sobre los que escribe. Las inquietudes de un autor que al leer va mostrando la estela de sus propias influencias. "La literatura no es lo que da en el blanco, es lo que se escapa y nunca termina", escribe sobre El Náufrago de Cesar Aira.


DIME CÓMO LEES… Como todo oficio, escribir tiene sus riesgos, en un artículo incluido en Impresiones, se menciona uno de ellos: "Hacer pie en la palabra, contar. Hacer coincidir el relato con el sentido del relato. Hacer creer que el relato y el sentido del relato se corresponden. Esta es la impostura literaria por excelencia: hacer creer que se está contando un relato que guarda en sí mismo la verdad de su importancia y de su sentido."

Alemian en las vías.                                                   Crédito: Santiago Pandolfi
Algunas de las claves de su trabajo se encuentran en el modo en que lee. Beckett, Bukowsky, Crevel, Klosowski, Aira, Puig y un larguísimo etcétera; al abordar los textos, Alemian pone en marcha el arcón de sus lecturas, los temas y obsesiones que dan forma a su visión del mundo. Impresiones no sólo es interesante por lo que dice de la literatura, sino también porque allí se dice algo sobre el tipo de escritor que es quién escribe. "Me interesan las producciones que tienen una impronta de emergencia anticanónica, me pregunto sobre el efecto que esos textos tienen sobre la literatura, cómo desarman todo el aparato. Eso es lo que me gusta leer, no lo dominante", dice durante la charla.

–¿Qué representa la vanguardia para vos?
–Vanguardia es empezar en cada momento de cero. El gesto vanguardista es eso. Yo leo un libro y escribo lo que me suscita, no le debo a nadie. Por supuesto que tengo mi historia de lectura, pero no me siento obligado a leer todo lo que se ha escrito sobre ese autor. Finalmente es así como me gusta leer y escribir, no es que sea un niño terrible, es lo que me gusta.

–¿Es posible detectar lo contemporáneo en la escritura?
–No sé si se puede. Me pasa muchas veces con la lectura... contemporáneo es la manera en que leés y en que vas a usar eso para escribir, para vivir o para lo que sea.

–Muchas de las preguntas que hacés quedan planteadas como un proceso abierto.
–A veces hay muchas preguntas porque no sabés bien cuál es la correcta. Hay que hacer bien la pregunta. Por ejemplo, en los artículos sobre Aira escribo lo que me sugiere su lectura, pero en otros textos como en los que hablo de la circulación de las imágenes de la guerra, el tema es más delicado, y no lo tengo perfectamente claro. Ahí también juega el funcionamiento de los medios de comunicación, e incluso no sé cuál es la pregunta que me interpela. Eso te obliga a ser muy analítico para que no te enchufen otra cosa.

–¿Qué es lo lúdico en literatura?
–En algún punto lo lúdico es lo menos retórico. Lo dramático es muy retórico, muy cerrado, muy dominante, casi tiránico. El lector es alguien soberano, no importa lo que han dicho otros, lo que importa es la experiencia cuerpo a cuerpo con el libro, más verdad que esa no vas a encontrar. «

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