27 nov. 2011

Un sueño fugaz, de iván thays


El éxito y el fracaso, ilusiones vanas

Reseña publicado el 27 de noviembre de 2011 en el Suple Cultura de Tiempo Argentino



Un sueño fugaz (Anagrama, 2011) es una novela hecha de nueve cuentos, la mayoría surgidos de un libro anterior, La disciplina de la vanidad, que hace diez años publicó el mismo autor limeño, Iván Thays. Como en un ejercicio de taller literario en el que un grupo de jóvenes aspirantes a escritores –“los centenos”– imaginasen su futuro y el de sus compañeros, la última novela de Thays toma una radiografía sin complacencias del mundo literario.
El libro abre con una pequeña y arrogante cofradía, que cree que las letras son el justo centro del universo, y se despide con ellos mismos, fracasados y disgregados. La prosa del escritor y bloguero, finalista del premio Herralde 2008, se distingue por su precisión narrativa y su plasticidad a la hora de crear climas y presentar anécdotas.
El personaje central, una joven promesa literaria que pierde el combustible que impulsó sus primeros éxitos de ventas, da unidad a los capítulos. Y el éxito es justamente el canto de sirena que guía las pulsiones de los cachorros de literatos: el sueño fugaz del título. “Un relámpago que alumbró la oscuridad de la cueva. Treinta mil dólares de una beca y un puesto casi diplomático, casi inexistente, en Venecia. Y luego el soplo de la oscuridad volvió a apagar la caverna. El relumbrón fue a parar a otras manos, las de Tomás por ejemplo. En mi cueva bajo la penumbra vuelven a confundirse los miasmas con el oro. O son lo mismo.”
En la primera parte, el protagonista disfruta su “cuarto de hora de fama” en Europa, a la que contra el folklore literario no logra conquistar. Allí se encuentra con algunos de sus colegas de juventud, desde Tomás, el escritor “for export”, hasta Milovana, la joven más deseada de aquel entonces, que parece no haber arriado sus banderas pero que muestra severos signos de inestabilidad mental. Los personajes padecen la resaca de una noche de desenfreno, que duró toda su juventud. La degradación de la imagen que ven “los centenos” al mirarse en el espejo se completa con los maliciosos comentarios que hacen sobre sus compañeros.
El narrador finalmente regresa a su altiplano natal: “Volví a Lima cargando el peso de la derrota pero liberado del de la fama.” El derrotero vital que toma le muestra que el fracaso es tan vano y fugaz como el éxito, su contracara. El recorrido novelesco presenta una vida que hacia su ocaso ha aprendido esas dos instancias son vanas ilusiones. Thays confirma la justeza del lugar que se ha ganado en la nueva narrativa latinoamericana.

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