16 feb. 2014

Tres historias bajo la prodigiosa luz del amanecer

Con Tres veces al amanecer la ficción irrumpe nuevamente en el mundo real. La historia nació en el libro anterior de Alessandro Baricco, allí se cuenta sobre un escritor, Mr. Gwyn, que abandona su profesión aunque no gambetea la tentación de escribir una última novela, a la que llama Tres veces al amanecer . Como el personaje Mr. Gwyn, Baricco tampoco se resiste a escribir y publicar esa pequeña secuela, así esa novela nacida en la ficción comenzó a rodar en el mundo real.

El autor de Seda posee un estilo lírico y preciso, cada palabra que suma al relato agrega un misterio que ella misma debe resolver o al menos encarar, así la ficción se alimenta de sí misma hasta consumirse por completo.

Tres veces al amanecer (Anagrama, 2013) postula un tiempo "anómalo" o ficcional en el que se producen tres encuentros entre un hombre y una mujer. Estos cruces se dan en diferentes momentos de sus vidas, en el primero ambos son adultos; en el segundo él es un anciano y ella una adolescente; en el tercero él es un niño y ella una mujer adulta. Como en una partida fantástica de cartas, Baricco baraja sus tres historias en diferentes mesas, y cada uno de los juegos resultantes es un esbozo que revela el aspecto de los personajes bajo una nueva luz.

“Me di cuenta de que uno nunca cambia de verdad, que no hay forma de cambiar, como uno es de niño lo será durante toda la vida”, dice la mujer en alguno de esos planos posibles de su existencia, y la frase introduce un tema recurrente del escritor italiano: ¿Es verdaderamente posible cambiar? ¿Qué papel juegan los otros en esa posibilidad?

Para penetrar la coraza con que cada personaje se protege, se da un juego donde siempre está presente un grado de aprensión guiado por un gesto de defensa. Al mismo tiempo, la confianza en que el otro puede ayudar a torcer el lance del destino es la puerta para ese cambio.

Cómo hacerse cargo de la urgencia ajena desde la propia precariedad es otro de los temas que cruza la novela. La seducción o la provocación son armas para llegar al otro, los diálogos generan climas o interrogantes que hacen que los personajes no puedan abandonar –para bien o para mal– la charla y así los sorprende la luz del amanecer.

Bajo esta luz, las imágenes de Baricco sugieren que la belleza se encuentra en la capacidad de la mirada para descubrir belleza, los ojos de ella vistos por él sirven de ejemplo. "El hombre dejó de hablar y se volvió hacia la mujer, que estaba en la cama. Sólo en ese momento se fijó en sus ojos, que eran claros pero grises, como de lobo: y comprendió donde comenzaba su belleza."




Esta reseña fue publicada en el Suplemento Cultura de Tiempo Argentino el 16/02/2014

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