11 may. 2014

Brandsen, de Marcel Pla

Esta fantasía literaria de Marcel Pla permite ahondar en la experiencia de dejarnos llevar por un relato y alejarnos de la esclavitud del trajín cotidiano. La Patagonia, ese "desierto", ese espacio abandonado por la literatura argentina, se puebla de personajes que parecen salidos de un western sudamericano o de una leyenda mapuche.

Un micro se demora en una Patagonia marchita y gris, cubierta de ceniza volcánica. Para apurar el retraso, un joven llamado Ignacio indolentemente se sube al coche de un tal Brandsen, un tipo “tenso y peligroso como un cable de acero”.

Más o menos así arranca la historia de Brandsen (Blatt & Ríos), con la preocupación por la suerte de un muchacho medio dormido subiendo a un auto con un desconocido bastante peligroso. Poco después ese espacio un tanto irreal –“más que un paisaje, un estado mental”, poblado de jaurías hambrientas según lee Ignacio en un diario para aumentar la preocupación del lector– contagia al tiempo, como si allí se abriera una brecha y los dos personajes penetraran en otra dimensión.


Esa otra dimensión o estado mental no sólo da rienda a la aventura, sino que permite que en ella se filtre una dosis de fantástico, ese género tan caro a los argentinos. Ese espacio yermo está poblado de personajes que parecen salidos de un western sudamericano o de una leyenda mapuche. Hombres y mujeres armados, siempre listos a desenfundar y más peligrosos que una cascabel acurrucada en nuestra cama. Aunque también hay lugar para un bello jinete efebo y para una pandillita de seres contrahechos que habitan en un pequeño recodo de la narración.

Como en un milagro secreto, el joven protagonista ha sido liberado dentro de un paréntesis temporal, y allí se enfrenta al vértigo de cambiar –aprender a amar y a abandonar– para sobrevivir: “El corazón de Ignacio latía con fuerza, las irregularidades del suelo obraban como un estimulante. Ráfagas de un aire nuevo, algo desconocido para él, una expansión de los sentidos, como si su ser tanto tiempo cerrado hubiese empezado a abrirse justo allí, en el páramo.”

Por supuesto, la arriesgada correría no sería completa sin una escritura que se dejara disfrutar. La confección de las frases, es decir, el sonido y el ritmo de las oraciones son el resultado de un trabajo riesgoso, pero consecuente y reflexivo.

“La liberad es ausencia de elección”, esta frase que recuerda Ignacio da una clave de su comportamiento y a lo mejor también del valor de cierta literatura.

Esta fantasía literaria de Marcel Pla permite ahondar en la experiencia de dejarnos llevar por un relato y alejarnos de la esclavitud del trajín cotidiano. Tal vez siguiendo este camino lleguemos a Brandsen aunque, también tal vez, no sea ese lugar tranquilo que esperamos sino un sitio peligroso, donde habitan sicarios y demonios, y en el que hay que estar bien preparado para sobrevivir.

Publicada en Tiempo Argentino

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